Opinión pública y justicia (2): Los medios.

De por qué a veces la prensa es infiel.

¿Cómo nos formamos los ciudadanos nuestras opiniones sobre el funcionamiento de la justicia?

Es difícil que lo hagamos siguiendo en directo todos los pasos de un proceso. Ni siquiera es usual que nos leamos las sentencias. Así que la mayoría de las veces lo vamos a hacer a partir de la información seleccionada que nos proporcionan intermediarios, el principal de los cuales es la prensa.

Es lícito, entonces, preguntarse hasta qué punto esa información es fiel. Y en este artículo voy a exponer cinco factores que creo que influyen para que no siempre lo sea:

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Vanity Fair: Judge William Rann Kennedy

1: Falta de conocimiento técnico.

Aunque hay periodistas con excelentes conocimientos de Derecho, hay dos motivos por los que quienes escriben sobre justicia no siempre los tienen:

En primer lugar, el sector ha sufrido una doble crisis, la económica y la de la transición al modelo digital, que ha tenido efectos devastadores en términos de empleo, salarios y precariedad. Lógicamente, no se puede tener una calidad que no se paga.

Y otras veces el problema no es de falta de especialización, sino que lo que ocurre es que un periodista especializado en otro campo sigue los avatares de un caso particularmente mediático hasta los tribunales y, como consecuencia, acaba nadando donde no hace pie.

2: Un exceso de opinión.

El centro de gravedad de la prensa está desplazado hacia la opinión. Las razones para ello son múltiples, pero podemos resaltar dos:

En primer lugar, la combinación de una sociedad más polarizada y de un mercado más competitivo hace que muchos medios busquen conectar con un público concreto. Y en segundo lugar, ante el aumento de la precariedad, los periodistas reaccionan intentando construirse una marca personal. En ambos casos, opinar mucho es eficaz.

El problema es que, cuando se trata de justicia, las opiniones no suelen limitarse a las consecuencias sociales o políticas de una resolución, sino que a menudo se aventuran en el terreno técnico. Algunos periodistas tienen suficiente capacidad para hacerlo; pero otros se limitan a suplir la falta de conocimiento forzando el tono.

3: Internet  hace que se trabaje más rápido.

El nuevo escenario digital no solo ha traído un enorme incremento en la cantidad de información sino también de la velocidad a la que esta se mueve. Hay más interacción con el público y una mayor frecuencia de renovación de contenidos. La red está viva y late millones de veces por segundo.

No es raro ver a periodistas valorando sentencias antes siquiera de haberlas leído.

Esa inmediatez tiene sus ventajas, pero también su precio en rigor, y no es raro, por ejemplo, ver a periodistas cuestionando sentencias que ni tan siquiera han leído.

4: El clickbait.

La prensa digital se alimenta fundamentalmente de los clicks, de las veces que pulsamos para abrir una noticia. Esto condiciona la forma de presentarlas. Seamos francos, entre estos dos titulares, ¿cuál nos intriga más?:

“Absuelto de homicidio el hombre que tiró a su mujer por la ventana en Vigo.”

“14 años en un centro psiquiátrico para el hombre que tiró a su mujer por la ventana en Vigo.”

Obviamente, gana el primero. El segundo es tan informativo que nos deja poco que indagar.  Sin embargo, el problema es que, en una época saturada de información, los lectores hemos desarrollado hábitos de escaneo y a menudo no llegamos a abrir los enlaces. Es más, incluso relanzamos las noticias por las redes sin haberlas leído.

La consecuencia es que muchas veces la impresión dejada por el titular es lo que prevalece.

5: El uso de moldes preconcebidos.

A lo largo de la historia ha habido dos maneras de explicar el mundo: partiendo de un modelo hacia la realidad o partiendo de la realidad para construir el modelo.

Partir de la realidad es la base de la ciencia moderna. Ahora bien, no es ni fácil ni rápido. Los sucesos están llenos de detalles contradictorios y aclarar las causas que se ocultan tras ellos es un proceso que puede llevar décadas. Ese es un ritmo que el periodismo no puede permitirse.

Lo que los lectores le pedimos a la prensa es que nos ordene el mundo.

Por otra parte, intentar reflejar fielmente un trozo de realidad puede acabar produciendo una pieza difícil de digerir. Y los lectores no solemos acudir a los medios para leer un texto confuso que al final nos deje con más preguntas que respuestas. Lo que le pedimos a la prensa es que nos ordene el mundo.

Por eso, para el periodismo siempre ha sido tentador presentar los sucesos particulares como un ejemplo de, usando un molde para empaquetar los hechos.

En los casos más groseros se llega al extremo de retorcer la verdad, pero a menudo ni siquiera hace falta. Basta con seleccionar, de entre toda la información disponible, aquella que encaja en el molde. Evidentemente, la imagen que se obtiene es parcial, pero a cambio conseguimos una pieza pulcra y fácil de leer.

¿Y qué fuentes de moldes hay? Básicamente dos:

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Tischbain: Héroes de la Ilíada.

A) Las historias eternas.

Son varios los autores que han escrito sobre la pervivencia de grandes mitos eternos en las noticias periodísticas de hoy en día. Se puede debatir mucho sobre su clasificación, pero hay dos hechos indiscutibles:

Uno: que hay una serie de historias y personajes arquetípicos que, con pequeñas variaciones, nos acompañan desde la noche de los tiempos. Son inmortales porque han demostrado tener una buena capacidad para conectar con nuestras emociones.

Dos: que a menudo el periodismo, que nos conoce bien, prefiere contarnos historias a exponernos hechos. Es decir, el “story first” sustituye al  “facts first”.

Y  los sucesos que pasan por los juzgados ofrecen a menudo buena materia prima para construir relatos, con una serie de personajes inconfundibles: “la víctima inocente”, “el villano”, “el héroe que se alza a mano desnuda contra la injusticia”, etc.

Una misma persona del mundo real puede aparecer reflejado en la prensa interpretando distintos personajes.

Sin embargo, hay un hecho que demuestra hasta qué punto el uso de moldes  puede llegar a deformar la realidad, y es que una misma persona pueda aparecer reflejado en la prensa interpretando distintos personajes. Así, el mismo hombre que en un artículo es la víctima en otro es el malicioso maltratador de las auténticas víctimas.

Se puede argumentar que, en cierta medida, esto es un reflejo de lo que ocurre en los juzgados, puesto que allí también las partes se esfuerzan en presentar personajes. Pero  la diferencia es que en el juzgado se ven las versiones alternativas, mientras que en la prensa no siempre ocurre así. Frente a informaciones que procuran mantener el equilibrio, hay también artículos e incluso medios que se decantan decididamente por una de las versiones y la presentan como la verdad indiscutible.

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Ilya Repin: Manifestación del 17 de octubre, 1905.

B: Las ideologías.

Otra buena fuente de moldes, y que a menudo aparece combinada con la anterior, son las ideologías.

La justicia es, inevitablemente, uno de los campos de batalla favoritos de las ideologías y partidos. Aquellos que defienden la necesidad de cambios radicales en la sociedad van a promover una visión más crítica, y hablan de justicia franquista, patriarcal, o corrupta; mientras que aquellos que estén más comprometidas con el status quo tenderán a minimizar los fallos. Pero todos estarán, a su vez, pendientes del relato que prende en la sociedad, para subirse al carro si les conviene.

Es evidente que, entre las decenas de miles de actuaciones judiciales que hay al año, podemos encontrar de todo. Por consiguiente, la batalla está en dilucidar qué es lo general y qué la excepción.

Y la prensa juega un papel activo en ese combate. Para empezar, hay medios que están directamente controlados por esferas de poder. Además, como ya hemos visto, el posicionamiento ideológico se usa para hacerse con un público. Y el hecho de que normalmente acaben compartiendo redacción personas con ideas afines no va a hacer sino reforzar los sesgos.

Es cierto que el código deontológico de la profesión exige atenerse a la verdad (aunque no pide neutralidad), pero de nuevo basta con seleccionar aquellos datos que encajan con la visión que queremos presentar. Y la consecuencia vuelve a ser que podemos encontrarnos una misma realidad expuesta de dos formas completamente diferentes, como ocurre en estos artículos sobre el fiscal Horrach del ABC y El Nacional.Cat.

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En definitiva: ¿Cumple el periodismo su función?

Depende. Si la función es transmitirnos información objetiva y de calidad, para que los ciudadanos podamos formarnos opiniones fundamentadas, la respuesta es que malamente. Aunque es justo insistir en que hay periodistas que hacen un muy buen trabajo, este queda a menudo enterrado bajo el ruido de todas las polémicas interesadas. Y no es previsible que eso cambie a corto plazo, porque no estamos ante un accidente sino ante una realidad con causas estructurales.

Ahora bien, cabe preguntarse si realmente lo que los ciudadanos le estamos pidiendo a la prensa es información fiel. Porque, por mucho que nos guste desgañitarnos protestando contra la manipulación, muchas veces los lectores somos los primeros en premiar los sesgos si coinciden con los nuestros.

Pero de eso, de la compleja relación que mantenemos los ciudadanos con la verdad, hablaremos ya, si acaso, otro día.

Un comentario en “Opinión pública y justicia (2): Los medios.”

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